Capítulo 12 – Tres culturas, parque de atracciones y Brooklyn bridge

Abro los ojos y noto como los rayos del sol entran por la ventana proyectándose en mi cara. Hoy es sábado y nos espera un gran día. Mientras me voy levantando de la cama percibo que mi compañero aún duerme, así que cojo mis cosas y me voy corriendo hacia la ducha antes de que se me adelante alguien. Salgo del baño y acecho que están en la cocina preparando el desayuno, así que me cambio y me voy con ellos.

Una vez desayunamos los tres, yo me voy al ordenador a contestar correos electrónicos de la familia y amigos. Ellos mientras tanto acaban de arreglarse. Ya estamos los tres listos así que nos ponemos en marcha, la misión es llegar al parque de atracciones de Coney Island que hay en la costa de Brooklyn, justo en la playa. Salimos de casa y nos dirigimos a la parada de siempre.

Cogemos el tren J y nos vamos hasta la estación más grande que hay en otro barrio vecino por encima del nuestro, allí hay más variedad de trenes y cogeremos uno que nos llevará directamente al parque. Después de un viaje un poco largo llegamos a una gran estación. Es la última parada, al bajarnos nos quedamos boquiabiertos mirando el techo. Hay una gran lucha entre vigas de hierro y cables de acero. Ninguno de los tres habíamos estado aquí, así que no dejamos de mirar nada en ningún instante.

Vamos bajando junto a la avalancha de gente hasta el interior de la estación. Está completamente llena, nos chocamos sin parar para poder salir a la calle, no vemos más allá de un metro. Pasan los minutos y logramos salir. Se nos ha hecho un poco tarde así que lo primero que hacemos es ir a comer algo. Entramos en un pequeño restaurante y comemos tranquilamente. Salimos y en apenas diez minutos caminando nos encontramos con el parque de atracciones.

Éste no es del estilo al que estamos acostumbrados a ver por España, el típico parque cerrado que se paga al entrar. Éste es más como las típicas ferias de barrio que vas pagando en la entrada de cada atracción y todo esta al aire libre sin muros ni paredes. La verdad que nos hemos quedado abrumados. De repente hemos empezado a escuchar hip hop en el aire, luces de colores por todos sitios, atracciones altas, bajas, variedad de gente, culturas y todo esto junto a las orillas de la playa. La verdad que otra vez me vuelvo a sentir dentro de una película, todo esto ya lo he vivido antes.

Lo primero que hacemos es ir a montarnos a la montaña rusa de madera más famosa de Nueva York, nuestro queridísimo Cyclone. Bajamos y paramos en el mostrador a echarnos unas risas de las fotos que nos han tomado. Salimos de esta y nos vamos al Superman, una especie de montaña rusa en la cual se va completamente tumbado. Dejamos para lo último el gran tirachinas. Mi compañero el árabe se niega a subirse ya que le da bastante vértigo así que él decide quedarse abajo grabando. El brasileño y yo nos subimos sin pensarlo y la verdad que ha sido una pasada, hemos estado un rato volando por cielo americano.

Salimos del parque y nos vamos para la playa que está justo al lado. En ese momento yo creía estar en California o San Diego. De repente se me borra la idea que tengo en mi cabeza de rascacielos, bloques de ladrillo marrón y me sumerjo en un mundo paralelo. Me planto en medio del paseo, a un lado tengo el atlántico y al otro el parque de atracciones. Aquí la música ya empieza a sonar diferente, más relajada. Está repleto de locales de comida rápida y heladerías por todas partes.

Decidimos comprar helado y tomarlo en unas mesas de madera que hay por todo el paseo. No hablamos, nos dedicamos a comer mientras observamos todo lo que pasa a nuestro alrededor. Ya hemos disfrutado bastante del parque de atracciones así que decidimos cambiar de plan. El árabe propone ir a una zona chill out que hay justo debajo del puente de Brooklyn. El personalmente no ha ido, pero gente de su universidad le ha hablado bastante bien así que nos ponemos en marcha y decidimos ir.

Después de coger dos trenes llegamos al sitio. La verdad que es una pasada. Bajamos unas escaleras de hormigón y nos adentramos en una mini playa falsa nada más y nada menos que debajo de mi querido puente de Brooklyn. Todo el recinto está recubierto de arena de playa. También hay antorchas alumbrando y muchos sillones y camas enormes de estilo ibicenco. Hay futbolines y barras por todos sitios, cada barra se dedica a una especialidad. Empezamos a beber cerveza como si no existiera mañana y a jugar al futbolín con desconocidos/as.

Como el que no quiere la cosa nos vamos mudando de barras y entre chupitos y licores la luna se planta encima de nuestras cabezas reflejándose en el río Hudson que nos rodea. Al final acabamos junto a un montón de gente hablando de la vida y de estos momentos que no tenían precio. Empezamos a bohemiar y a hablar de sensaciones, no de cosas materiales. Es flipante, esto no se compra en ningún sitio.

Al final decidimos que la mejor opción es volver a casa en… FIT FIU, TAXI !!!!!!!!

 

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