Capítulo 14 – De visita al Bronx

  La semana pasada nos habían hablado en clase sobre el estadio de los Yankees situado en el Bronx. La escuela nos habla sobre el próximo partido. Pasan por cada clase con una lista para ir apuntando a toda la gente que está interesada y así poder proporcionarnos las entradas anticipadas para que nos salgan más baratas. Nos comentan que nos acompañarán un par de tutores para llegar bien al sitio y no tener problemas, ya que pasear por el Bronx no es cualquier cosa.

Hoy es lunes, empieza una nueva semana. La verdad que hoy me he levantado con bastante energía. He saltado de la cama, me he equipado, he cogido una pequeña botella de agua y me he ido al parque de al lado de casa a correr un rato. Bajando las escaleras del porche me doy los buenos días con uno de mis compañeros de casa que se va a clase. Me incorporo en mi amplia acera y me voy hacia el parque acelerando el paso hasta que llego a él, tardo aproximadamente unos diez minutos.

Una vez llego me pongo a estirar en un banco que hay en la entrada y mientras tanto voy divisando como la gente juega a baloncesto, béisbol, lee, viven la vida… Empiezo a correr sobre el camino de siempre y mi mente empieza a volar. Empiezo a meditar pensamientos positivos. Empiezo a creer aún más en mi persona, porque sí, porque lo he conseguido, estoy aquí.

Voy con mi cabeza bien alta y sonriendo a todo el mundo que pasa por mi lado. Me siento feliz y quiero compartir mi felicidad con todo lo que me rodea. Mientras voy intercambiando unos cuantos buenos días las ardillas se van cruzando de un lado a otro. Al acabar me siento en el césped y bebo agua mientras sigo pensando, mi mente no puede parar. Pienso en tantas cosas a la vez que no sé a cuál darle más importancia. Siento una sensación muy extraña. Por una parte estoy viviendo el sueño de mi vida pero por la otra no tengo a nadie de mi entorno cerca de mí para poder contarles y explicarles como me siento y todo lo que me está pasando en estos momentos.

Después de charlar un rato con mí ‘yo’ interior decido irme para casa. Me voy directo a la ducha y me quedo un rato debajo de este grifo anclado a la pared rodeado de azulejos antiguos y desgastados. Dejo caer el agua helada sobre mi cuerpo que minutos después volverá a estar sudado debido al gran calor neoyorquino, terrible. Me voy a mi habitación a cambiarme mientras dejo puesto en el fuego un poco de arroz a cocer. Me voy a la cocina y una vez doy por concluido mi plato lo prendo y me voy de nuevo a mi cuarto.

Voy comiendo en mi escritorio delante del ordenador mientras voy escribiéndome con mis familiares y amigos. Se va acercando la hora de ir a clase así que me voy despidiendo e inicio mi marcha hasta la estación de metro. Con mis cascos puestos y mi mochila en la espalda inicio la batalla de vagones diaria. Voy subiendo las escaleras del metro y de repente ya me encuentro en Manhattan. Me pido mi café helado de cada día y sigo caminando para la escuela. Al llegar a la puerta me siento con mis compañeros a charlotear un rato ya que aún queda media hora para entrar a clase.

Hoy nos vamos a ver a los Yankees, así que no existe otro tema de conversación. Vamos casi toda la clase y amigos ajenos a la escuela. Hemos quedado a las 6:00pm en la puerta principal del Empire State. Salimos de clase y nos dirigimos a un Starbucks a merendar y así hacer un poco de tiempo. Se va acercando la hora y decidimos ir al punto de quedada. Una vez estamos en la puerta del Empire junto a mis compañeros de clase y mis amigos españoles nos damos cuenta que no ha venido ningún profesor. El tiempo va pasando y cada vez somos más personas. Al final ya somos casi treinta.

Gente de todos los cursos y edades, amigos de amigos y aquí no aparece nadie.   Al final mis amigos los españoles y yo decidimos tomar la iniciativa e irnos por nuestra cuenta ya que el tiempo pasa y aquí no aparece nadie. Sacamos el móvil y empezamos a estudiar el recorrido que debemos realizar para llegar al estadio. Empezamos a caminar hasta la boca de metro que hay más cerca y cogemos el tren que va para el Bronx. Todo el vagón está lleno por nosotros ya que las casi treinta personas que somos han decidido seguirnos a nosotros y la verdad que no tenemos ni idea de como llegar.

Pensamos, otra aventura más. Sabemos que vamos en buena dirección porque vamos observando como aumenta la masa de fans de los Yankees, así que ya lo tenemos fácil, donde bajen ellos bajaremos nosotros. Llega el momento de bajar y la verdad que todos estamos bastante huidizos, ya sabéis todo lo que se ha llegado a escuchar sobre el Bronx… Sus calles nos impregnan de sumisión y su gente gana nuestro respeto.

Mentiría si dijera que en este momento no siento miedo, pero también mentiría si dijera que no me gusta esta sensación. Observo cada pared pintada de mil colores y me confirmo a mí mismo que lo de las zapatillas colgadas en los cables de la luz es verídico. Hay una mezcla de juventud y gente mayor separados por grupos y haciendo corrillos que no nos quitan ojo. Nosotros cogemos disimuladamente nuestras mochilas e intentamos acelerar el paso hasta que llegamos a la zona del estadio. Esta es un poco más turística y parece que hay un poco más de control policial.

Justo en la puerta del estadio hay unos puestos ambulantes en los cuales decidimos comprarnos unas gorras y unas camisetas para tematizarnos un poco. Una compañera traía pinturas y también decidimos pintarnos la cara. Llega la hora de entrar, nos revisan las entradas y las mochilas y nos indican nuestro asiento. Casi que estamos situados en lo alto del todo. Accedemos a nuestros asientos después de recorrer unas grandes rampas en forma de caracol hasta lograr llegar arriba.

Nos sentamos y antes de que empiece el partido ya teníamos a un hombre que vendía comida a chillidos como en las pelis. No dudamos ni un segundo en cogernos unas cervezas frías y algo para picar. De repente empieza a sonar la música extremadamente alta al compás de unos focos de colores que se mueven sin parar. Empiezan a presentar a los equipos y a cada uno de sus jugadores. Una cámara va grabando a todo el público y podemos vernos en unas pantallas gigantescas que hay colocadas por todo el estadio. La verdad que no entendemos nada de béisbol, pero eso si, esto es una gran ¡fiesta!

Como no podía ser de otra manera en este día tan especial, al final ganan los Yankees contra los Mets. Como ya es de noche decidimos salir pitando hasta la estación de metro sin entretenernos mucho por la zona. Una vez nos montamos en el vagón decidimos desmaquillarnos la cara y quitarnos los complementos de los Yankees que llevamos puesto. ¿Por qué? Básicamente porque el vagón esta lleno de fanáticos de los Mets y la verdad que a estas horas no apetece mucho que te partan la cara. Al fin llegamos a Manhattan y cada uno se va bajando en sus paradas correspondientes.

Yo decido bajarme en Times Square con un grupito para dar un último paseo antes de ir para casa. Paseamos entre las luces y la multitud de gente hasta que decidimos sentarnos en las escaleras rojas a tomarnos un refresco. Pasa el tiempo y al final decidimos irnos. Yo me voy en busca del tren J para volverme a Brooklyn. Otra vez siento esa sensación de alucine. Esa sensación de superación ante lo desconocido.

 

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