Capítulo 18 – Una noticia que cambia mi rutina

¿Ya es lunes? Se me ha pasado el fin de semana volando… Hoy me he levantado con la mosca detrás de la oreja. Bueno, si os digo la verdad, llevo con la mosca detrás de la oreja desde que me dijeron que me tenían que dar una noticia.

Ahora son las 8:00am y ya me voy para la ducha. No llegaré a entender nunca como puede hacer tanto calor en esta ciudad. Cuando salgo de la ducha me encuentro con Alfred que ya está preparando sus cosas para ir a su primer día de clase.

Ayer por la noche le expliqué como ir a la parada del metro y que trenes tenía que coger para llegar a su escuela. Se lo dibujé en una hoja y le pedí que se bajara el mapa del metro neoyorquino en el móvil para que fuese viendo donde estaba en cada momento. No es muy difícil ahora que llevo un mes aquí, pero al principio, todos pecamos de principiantes. Alfred ya ha desayunado. Se ha levantado súper pronto puesto que el estudia de mañana y empieza bastante temprano. También hay que decir que el primer día mejor salir con tiempo por lo que pueda pasar. Acordaos de mi primer día la que lié… ¡Ah! Alfred me comenta que Shula y Asher han salido. Que tenían cita en el médico o algo así. Pero que tranquilo, que me habían dejado el desayuno preparado en la cocina.

Por una parte he pensado: -¿Estoy manco? ¿No puedo hacerme yo las cosas? Pero luego me he dicho: -Que detallazo, realmente nos tratan como a dos miembros mas de la familia y eso se agradece muchísimo puesto que aquí no tenemos a nadie. Bueno, después de preguntarme y contestarme yo mismo (que va siendo de lo más normal desde que llegué a este país) me pongo un pantalón de chandal y una camiseta y me subo para la cocina a desayunar. Esta vez vuelve a a estar la mesa llena de cosas deliciosas. Pero bueno, ya me sorprende menos y es que a las cosas buenas se acostumbra uno rápido. Ya he acabado y he decidido que haré unos recados por el barrio y luego ya comeré en Manhattan antes de ir a clase. ¿Sabéis qué? He encontrado un restaurante justo delante de clase que está muy bien.

Hay una variedad de comida exagerada para escoger. Y si, también hay muchísimas cosas sanas. Puedes coger primer plato y segundo, bebida, pan y café. Está muy bien de precio y lo que más me gusta es que te dan como una especie de tarjeta que te van sellando cada día y a los diez sellos te regalan un menú gratis. ¡Genial! Acabo de llegar a casa y ya es media mañana. He estado haciendo unas compras para casa por el barrio y localizando mi nueva lavandería.

Ahora hay que empezar a descubrirlo todo otra vez. ¿Pero sabéis qué? -Me encanta. Ya cambio el chandal por unos tejanos rotos, mis Vans, mi camiseta básica blanca y mi camisa de cuadros abierta. ¡Soy original eh! Pero alguien me dijo un día: -Si uno se encuentra bien así, no hay porque cambiar nada. Colocándome la mochila mientras voy subiendo las escaleras observo que todo está en silencio, creo que aún no ha venido nadie. Ya voy camino al metro por estas aceras anchas con mi musiquita puesta. Creo que nunca me cansaré de esta sensación. El ir escuchando hip hop mientras voy paseando por Brooklyn era un sueño que tenía pendiente desde hace ya mogollón de años. ¿Y ahora qué? Forma parte de mi día a día, está dentro de mi rutina.

Me monto en el tren y encuentro un sitio para sentarme. No me lo pienso y me tiro de cabeza. A ver, es lunes… ¡cuesta joder cuesta! Salgo del restaurante con el estómago lleno. Hoy ha caído: ensalada, pasta alfredo con champiñones, pan de cereales y un zumo de manzana. (Alfredo: Es como llaman en Nueva York a la salsa estilo carbonara) Con mi café en la mano y un sello mas en la tarjeta me voy para la puerta de la escuela.

Aún quedan veinte minutos para entrar a clase pero ya hay gente en la puerta. Me encanta eso de llegar con tiempo y poder hablar con calma y tranquilidad sobre todas las cosas que van pasando en la ciudad. Cada persona es un mundo. Y la gente que me conozca me estará maldiciendo ahora mismo… Dirán: ¿Veinte minutos antes? Si señores, lo reconozco, soy un impuntual.

De esos que dicen ya estoy llegando cuando aún no he salido de casa, de esos que dicen cinco minutos cuando me queda media hora. Si os digo la verdad solo soy puntual en los aeropuertos. Y si os digo otra verdad, una vez perdí un avión de Londres a Nueva York. Bueno he perdido dos aviones en mi vida, pero uno no fue mi culpa… Ya es hora de subir a clase. Decidimos subir por las escaleras porque este ascensor está más cotizado que el lunar de Marilyn Monroe.

Llevamos ya un hora y media de clase y de repente se abre la puerta. ¿Quién entra? -Pues Jen. ¿Quién es Jen? -Pues la reina del humor, la princesa de la broma, la alcaldesa de las sonrisas. Ella es la animadora de la escuela entre otras cosas más importantes. Aún que para mi no hay nada más importante que hacer reír a una persona. Se dedica a ir clase por clase alegrando al personal.

Ella nos informa de todas las fiestas de la ciudad, de todas las excursiones, de todos los eventos que pasan en Nueva York. A lo que vamos. Entra Jen y me llama a mi y a cinco compañeros más para que vayamos a la sala de reuniones. En clase ya somos 16, puesto que cada semana se va uniendo gente. Entre los elegidos estamos: Yo, la española, los dos turcos y la Coreana. Cuando entramos a la sala nos encontramos con Joel. ¿Quién coño es Joel? Pues si señores, mi nuevo profesor…

¡Que nos cambian de clase leches! Hemos pasado a otro nivel y eso esta genial pero… ¿Qué pasa con el resto de la clase? ¿Qué pasa con mi pequeña gran familia? ¿Qué pasa con Mariane? Mi querida profesora de Brooklyn con sus labios rojos… Es que no solo me cambian de clase, no. Me cambian de turno, Ahora estudiaré por la mañana. Ya no entraré a las dos de la tarde, ahora empezaré a las ocho de la mañana. Eso significa que me tendré que levantar a las seis de la mañana cada día. Y si queréis que os cuente otro secreto, soy más puntual que madrugador, así que estoy listo… Salimos de la reunión y volvemos a clase. Mañana martes ya empezamos en nuestra clase nueva así que nos quedan horas en nuestra querida sala con nuestra pequeña familia.

Cuando hablamos con nuestros compañeros en el descanso y le explicamos lo sucedido hay un poco de tristeza. Por una parte se alegran por nosotros, pero por otra, se romperá es vínculo tan cercano. Bueno no pasa nada. Estoy aprendiendo muchas cosas en esta ciudad, pero lo que más he aprendido es qué, aquí todo se desmonta y se vuelve a montar por momentos.

Así que al final me lo voy tomando como algo normal. Hoy hemos decidido que al salir de la escuela iremos a una exposición que organiza un compañero de clase. El es pintor y nos ha invitado a todos. A ver como acaba el día. A ver que nos encontramos mañana en nuestra nueva clase. Otra vez a empezar de cero. Creo que en toda mi vida entera no había empezado tantas veces desde cero. Supongo que gracias Nueva York por ponerme a prueba.

Aún que a veces pienso:

¿Te estás pasando un poco no?

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