Capítulo 2 – De Brooklyn a Manhattan por primera vez

Llega el momento de cruzar el río y visitar Manhattan. Ya estamos a 3 de Julio y he pasado la primera noche en mi nuevo barrio, mágico, misterioso. Después de no dormir casi nada, después de darle mil vueltas a la cabeza y pensar en un cúmulo de cosas, algo nuevo está por llegar. Ya es media mañana, me encuentro en mi cuarto poniéndome al día de direcciones y sitios de cosas que me interesan.

Quiero ir visitando sitios cada día, así que necesito organizarme un poco. De repente, se levanta mi compañero de cuarto, Liu (el tailandés) y me comenta que en una hora saldremos para Manhattan. Yo empiezo a prepararme las cosas, cojo unos dólares del cajón del escritorio, mi cámara de fotos, mi cuaderno y muchísimas ganas de descubrir cosas nuevas.

Salimos de casa atravesando el porche luchando contra los tres perros de raza grande que viven con nosotros. Empezamos a caminar por estas aceras tan anchas, son idénticas a las películas, voy divisando casa por casa, no me pierdo ni un detalle. En cada una de ellas pasa algo diferente. Esto es Brooklyn, variedad y culturas, simple pero completo, antiguo pero novedoso, poco a poco empiezo a entender muchas cosas, empiezo a impregnarme de su esencia.

En tan solo diez minutos nos plantamos en la estación de metro, relativamente cerca de casa. La verdad que ya no me parece una parada normal a simple vista, estoy acostumbrado a ver otro tipo de paradas, quizás más comunes. Esta parada se encuentra elevada, los trenes circulan en un doble sentido atravesando todo Brooklyn de un extremo a otro. La gente camina por debajo de las vías, se escucha un ruido frenético cada vez que pasa, pero a la vez te hace sentir que estás aquí, que esto es Nueva York.

Me acerco al cajero que hay en la estación y compro una tarjeta metroCARD para todo el mes por unos 104 dólares. Subimos otra tirada de escaleras que hay desde que pasas la tarjeta hasta la plataforma dónde paran los trenes. Una vez arriba, me siento en un banco de madera mientras llega el tren y dejo que mis ojos se deleiten con aquel espectáculo. Edificios con las cubiertas sin acabar, escaleras contra incendios por todas partes, mucho movimiento y ruidos diferentes, esto es alucinante. De la nada se oye un ruido a chapa, a lo lejos va apareciendo el tren J.

Cuando decide frenar, el ruido a chapa se multiplica. Es cuestión de días transformar este ruido en una placentera melodía. Se abren las puertas y al entrar me da la sensación de estar dentro de una cámara frigorífica, esto está congelado. Siento que mis ojos en algún momento u otro saltarán de mi cara, hay demasiadas cosas que observar, por eso debo permanecer atento.

Mi compañero el tailandés no aparta la mirada de la pantalla de su móvil, va tan concentrado jugando a los marcianitos que pasa de todo. Nos hemos subido en la estación Van Siclen Av de Brooklyn, la próxima parada es Alabama Av y nos bajamos en: Broadway Junction. Este mismo tren, el J también va directo hasta la baja Manhattan, pero cogiendo el otro tren llegaremos mucho antes. Ya hemos llegado a Broadway Junction, una estación bastante grande y a doble altura. Paramos en la parte alta en el exterior y salimos pitando hacia abajo por las escaleras mecánicas como si llegásemos tarde a algún sitio, la verdad que me encanta. Una vez abajo del todo ya ataca de nuevo ese calor neoyorquino insoportable.

Esperando en el andén empiezo a ver mis primeras ratas por las vías, la verdad que son muy monas, hasta la gente le tira comida. Allí esperamos al tren A que es un exprés que nos llevará mucho más rápido a Manhattan. A diferencia del tren anterior este pasa por debajo del agua, cosa que el otro es más atractivo ya que cruzas por encima del puente y vas divisando todo el Skyline de la ciudad.

Llega el tren y entramos, vuelvo a sentir ese contraste entre salir de un horno y entrar en un congelador, el cuerpo se acostumbrará poco a poco a estos cambios de temperatura. Este tren a diferencia del anterior es mucho más antiguo (y ya es decir) pero la verdad que aún tiene más encanto, más historia. Sin darme cuenta, cuando mis ojos apuntan a la ventana del vagón, ya nos encontramos en la parada de Chambers st. Al bajar del tren la sensación es contradictoria a la anterior.

Sí, en Brooklyn me encontraba en un terreno desconocido y subía a una estación desconocida. Ahora me encuentro en una estación desconocida pero esta vez subo a conocer un mundo desconocido. En este momento me queda claro, cada parada me sorprende con algo nuevo, ninguna es igual, cada una tiene su esencia. Acabo de salir al exterior. No puede mirar el suelo, no puedo apartar la vista de estos rascacielos. Empezamos a caminar por estas calles, yo voy absorbiendo todo lo que me voy encontrando por el camino. Empiezo a ver los típicos tubos en medio de la carretera de los cuales salen humos blancos, realmente creía que esto solo sucedía en las películas, pero me confirmo que no, que es real.

Me da la sensación de que todo el mundo va con prisa, se puede palpar en el ambiente claramente quien es turista y quien es ciudadano. Los americanos en ningún momento miran hacia arriba, van pegados a las pantallas de sus dispositivos móviles, con sus cascos, y esquivando a la gente. A mí me encanta yo quiero ser como ellos, quiero ser un número en medio de algo grande y no un nombre con apellidos en medio de un pueblo.

Vamos andando de un sitio a otro y yo fotografío todo lo que me encuentro por el camino. Andando, andando nos plantamos en la Iglesia de la zona cero, me quedo anonadado al ver aquel jardín repleto de lápidas. Damos un paseo y seguidamente entramos al museo que hay justo al lado. En el interior vemos restos de objetos y nos explican la historia de los atentados de las Torres Gemelas.

Al escuchar la historia sé me pone mal cuerpo, al ver los vídeos y los objetos llenos de polvo. Todo eso había pasado en el mismo suelo que estoy pisando en este momento. Una vez salimos, seguimos andando hasta llegar al centro comercial Forever 21. Entramos y la verdad que me parece todo bastante barato. Me compro un par de camisetas DC y un paraguas (objeto importante en Nueva York).

Al salir, paro a comprar una Macedonia de frutas en un puesto ambulante que hay por la calle y seguimos caminando hasta el parque de bomberos que hay delante de la explanada donde estaban las Torres Gemelas. Sigo haciendo fotos y leyendo todas las dedicatorias que escribieron los familiares de los fallecidos. Sigo viendo imágenes, flores. Es un momento muy emotivo. Seguimos caminando y vamos hasta una especie de puente elevado que comunica con un hotel.

A través de sus ventanas se puede observar todo el terreno vacío que ha quedado después del atentado. Ya se puede ver como va creciendo el nuevo edificio, el One World Trade Center. Después de estarme un rato mirando aquel terreno, imaginando lo que había, lo que quedaba, lo que pasó la gente aquel día y sus familias, continuamos caminando. Atravesamos el hotel y salimos a la calle. A unos diez metros delante de nosotros nos encontramos con un paseo magnífico en el cual la gente hace deporte, hay barcos, y unas vistas impresionantes.

Nos sentamos en un banco delante del río. Mi panorámica es el Skyline del estado vecino, New Jersey. A mano derecha un cúmulo de barcos impresionantes y en mi parte izquierda mi querida señora, la estatua de la libertad. Mi compañero que hasta entonces se había mantenido al margen de mí histeria, en ese momento saca su réflex y su trípode y empieza a capturar situaciones. Yo me dejo llevar y saco de mi mochila mi cuaderno y mi lápiz, empiezo a congelar sentimientos, sensaciones, cosas inexplicables. Voy tomando fotos, pero sin prisa. Aún me queda mucho tiempo en la ciudad de mis sueños, todo irá fluyendo solo…

 

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2 respuestas a “Capítulo 2 – De Brooklyn a Manhattan por primera vez

  1. Me ha encantado esta frase: “quiero ser un número en medio de algo grande y no un nombre con apellidos en medio de un pueblo”. Yo busco lo mismo, y me hubiera encantado vivir en Nueva york!!

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