Capítulo 21 – Alfred y yo en un barrio musulmán

Ya es viernes por la noche y no tengo planes. Me apetece una noche de relax en casa, alguna película o como mucho salir a tomar algo. Mañana sábado he quedado con mis compañeros de clase para cenar y salir de fiesta, así que hoy mejor quedarse en casa y reponer fuerzas.

En Nueva York llevo un estilo de vida de no parar y a veces va bien frenar un poco. Hoy tenía un hambre impresionante así que a las 8pm ya me he preparado la cena y he comido tranquilamente mientras veía una película.

Ahora mismo son las 10pm. Alfred, mi compañero de habitación, ha llegado a las 9.30pm. Me ha propuesto salir a tomar algo por el barrio y me parece buena idea. La verdad que este barrio lo he caminado poco hasta el momento. Voy de casa al metro, de casa a la lavandería y de casa al supermercado. Así que no me parece mala idea salir a conocer un poquito más este barrio de Brooklyn. Nos ponemos las deportivas cogemos la cartera y nos tiramos a la calle. Ahora son las 11pm.

Empezamos a caminar por el otro lado del barrio al que nunca vamos, ya que por la otra parte pasamos cada día y solo hay comercios. Vamos caminando y caminando y no salimos de la zona residencial. Por fin a lo lejos vemos luces, ya llega la civilización. Empezamos a ver más comercios, lavanderías 24/h, fruterías, pero no vemos ningún bar para poder tomar algo.

Seguimos caminando hasta que la calle se bifurca en dos sentidos. Decidimos coger el de la derecha ya que el de la izquierda se encuentra bastante oscuro. Seguimos caminando y no encontramos nada de nada, empezamos a maldecir esta zona. Nos da por girar en una calle y encontramos una heladería judía. La verdad que preferimos una cerveza bien fría, pero a falta de ella, decidimos comernos un helado. Entramos a la heladería y tanto los trabajadores como los clientes son judíos.

Cuando nos ven entrar, no nos dejan de mirar. Uno de Alemania y otro de España tomando un helado en un rincón en el culo del mundo. Interesante cuanto menos. Nos pedimos el helado y nos sentamos en una mesa. La verdad que aquí se está fresco con el aire acondicionado. No veáis la que cae en Nueva York en pleno agosto… Vamos observando a estos judíos cargados de dinero, como se nota los que mueven el país. Y nosotros aquí, que más de barrio no podemos ser.

Pero nos encanta, a más de uno le gustaría estar en nuestra piel ahora mismo. Una vez acabamos el helado decidimos salir del local y seguir caminando a ver si encontramos algo. Seguimos caminando por calles desconocidas, hablando y sin prestar mucha atención por donde vamos caminando. Creo que nos hemos perdido. Yo al menos no se donde estoy y la cara de Alfred me dice que el tampoco. Esto de perderse es muy típico en Nueva York, no os asustéis. Seguimos caminando hasta que nos da por mirar los carteles de los comercios y ya no están escritos en hebreo no, están en árabe. Nos quedamos, ¿what?

Pues eso, estamos en un barrio musulmán, genial. Unas calles misteriosas, oscuras, tétricas y con un olor peculiar. De repente vemos que en nuestra misma acera un poco más hacia delante empieza a salir una avalancha de gente. Solo hombres. Deducimos que salen de rezar. Vamos caminando haciéndonos sitio entre ellos y no nos dejan de mirar. La verdad que se preguntarán que carajos hacemos aquí, pero nosotros también nos preguntamos lo mismo, así que ya tenemos algo en común. Seguimos caminando hasta que llegamos a una explanada. Aquí vemos una gasolinera en medio de la nada.

Justo al lado hay un parking en el que venden coches de segunda mano. Como los que vemos en las películas, adornados con sus banderas de colores como si de una fiesta de cumpleaños se tratase. Decidimos entrar a la gasolinera a preguntar donde estamos. Hemos salido con lo puesto y ninguno de los dos llevamos el móvil. Al entrar nos encontramos al dependiente con dos clientes tomando un té en el mostrador. Le preguntamos y se nos queda mirando con cara de sorprendido. Nos cuesta entender su inglés con ese acento arábico tan marcado. Nos comenta que estamos a más de una hora caminando de nuestro destino. Le damos las gracias y compramos una botella de agua.

Compramos algo por quedar bien, por educación y por si acaso. Al salir por la puerta nos dice que tengamos cuidado, que esta zona es… A mi la verdad que cuando me dicen eso es como si me dijeran que hora es, o que mañana va a llover. Ya no puedo sentir miedo, por esa regla de tres estaría cada día cagado. Alfred no piensa lo mismo… (jajaja) Pero es normal, lleva menos tiempo en la ciudad y también es más joven. ¡Bueno que yo no soy mayor! , solo nos llevamos tres años, pero a veces se nota.

Nos liamos a caminar entre lo desconocido y al final parece ser que nos encontramos. Al menos los números de la calle coinciden. Ahora solo queda seguir caminando hasta llegar al nuestro. Después de una hora y un cúmulo de minutos llegamos a a casa. Hogar, dulce hogar. Se nos ha hecho las tantas de la madrugada así que me voy derecho a la cama. Una noche de relax, decían. A tomar algo y para casa, decían…

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