Capítulo 22 – Mi segunda sobrina nace en España y yo Estados Unidos

Vaya palo más duro el de hoy. ¿Cómo duele no? Muchísimo. Ya era consciente en España de que no iba a estar presente en el nacimiento de mi segunda sobrina Daniela, pero ahora que ha llegado el día, no se si estoy preparado. Necesito fuerzas. Viajar es maravilloso, pero cuando lo haces solo y por mucho tiempo en ocasiones se hace cuesta arriba. Tanto en lo bueno como en lo malo cuesta.

A veces parece que si no compartimos con alguien las cosas bonitas no son tan bonitas o simplemente cuando estamos mal necesitamos a alguien donde poder apoyarnos. Mi hermana la mayor ya ha salido de cuentas y esperamos a mi segunda sobrina Daniela, la que será la hermanita de Carla mi única sobrina en este momento. Ayer sentado en mi porche de BrooKlyn estuve hablando largo y tendido con varios miembros de mi familia. Mi hermana ya empezaba a sentir síntomas y Daniela tenía ganas de salir. Yo empecé a sentir una sensación extraña, creía que estaba preparado, pero no…

Así fue aquel día, empecemos.

Hoy me he levantado por la mañana y he ido a clase como cada día, me he tomado el café donde cada día y he ido con la gente de cada día. Al salir de clase no me apetecía ningún plan así que he cogido el metro de cada día y he ido para mi casa de cada día. Hoy he hecho lo de todos los días por inercia, pero hoy no me apetece estar aquí. Hoy me apetece estar en España, en Cataluña, en Tarragona, en mi círculo de protección que tanto odio. Hoy siento que debo estar con los míos, con mi familia, con mi hermana.

Hoy están todos más unidos que nunca y yo no estoy allí para compartir ese momento con ellos, para conocer a mi nuevo bebé. Como duele esto, no os imagináis cuanto. En estos momentos siento la distancia, siento el atlántico que nos separa. Estamos lejos, muy lejos. Desde que se que está a punto de llegar, que está a punto de ocurrir, se me han ido las fuerzas. Hoy lo he hecho todo por inercia sin disfrutar de lo que me rodea, no puedo pensar en otra cosa, solo en mi familia. Es muy duro, hay cosas que pasan una vez en la vida y que jamás se volverán a repetir. Jamás de los jamases. Y esta es una de ellas.

No se que hacer. Se que no me apetece estar con nadie, pero tampoco me apetece encerrarme en casa y esperar. Llego a Brooklyn suelto la mochila de la escuela y me tiro a la calle a caminar y caminar. Para mi no es lo mismo pensar en un espacio cerrado que pensar andando y con música. La música me hace ver las cosas de otra manera, aún que a veces me ponga más sensible. Pero bueno, digamos que hoy toca eso. Sigo hablando con mi familia, ya están todos en el hospital pero aún no hay novedades. Mi familia es un ajo. Cada miembro somos un diente y juntos formamos un ajo, un gran ajo.

No me gusta como suena ajo, pero es lo primero que me ha venido así que no lo voy a cambiar. En definitiva, vamos todos a una y siempre estamos unidos. En las buenas y en las malas. Quizás yo soy el que menos. Bueno, quizás no, seguro. Que le voy a hacer, yo soy más despegado y me gusta ir a mi bola. No necesito tanta dosis familiar, pero en momentos como éste, sería otro diente más del gran ajo. Sigo caminando y caminado sin rumbo. Es esa sensación de impotencia, de no poder hacer nada para poder estar allí, ni por un momento, un momento minúsculo. Un avión que me lleve por un rato, por favor. Entro a un parque y me siento en un banco. Observo como los niños juegan. Con su mamá, con su papá, con sus hermanitos. Yo estoy solo, en la otra punta del mundo.

Se hace de noche y decido ir para casa. Pongo un poco de agua a hervir mientras me ducho y me preparo un plato de sopa instantánea. Me la tomo estirado en la cama viendo una serie en la televisión. Estoy solo en la habitación, hoy Alfred tiene una cena con los compañeros de su clase. No tardo en irme a dormir, tengo la cabeza tan saturada que me va a estallar. En las últimas noticias de mi familia no se encuentra ninguna novedad. Después de dar vueltas y vueltas consigo quedarme dormido. Suena la alarma de mi iPhone, ya es hora de levantarse.

Cuando cojo mi teléfono y deslizo mi dedo por la pantalla para eliminar la alarma, aparecen miles de mensajes y llamadas perdidas. Daniela ya está en éste mundo, pero lejos de mi. Empiezo a ver fotos que me envían y me cuesta ver. Empiezo a ver un poco borroso, hasta que mis lagrimas saltan contra la pantalla de mi móvil y lo tiro contra la almohada. Necesito vomitar esto que llevo dentro, ahora no puedo seguir viendo nada. Intento relajarme un poco y sigo viendo las fotos y leyendo mensajes. Es preciosa, se parece a su hermanita. Cojo el teléfono y llamo a España. Necesito hablar con mi hermana, con mi madre, con todos.

De alguna manera quiero estar allí, aún que solo sea mi voz. Aún queda mucho para volver a España, para conocer a Daniela. En estos momentos entiendo lo que es estar solo en otro país lejos del mío. Es maravilloso y a la vez terrible según por donde se mire. Eso si, cada día me hago mas duro que una roca, que el acero inoxidable.

Espero que Daniela jamás hable del día en el que nació, porque yo no he estado ahí.

La distancia es, la distancia es… Ni idea.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s