Capítulo 25 – Se va Alfred, las amistades en el camino

¿Cómo puede ser que el tiempo pase a una velocidad tan, pero que tan rápida?

Alfred, el mejor compañero de habitación, el mejor amigo, el mejor hermano pequeño que nunca he tenido, tiene que regresar a su país.

Veréis ya llevo unos meses en la ciudad y me ha pasado de todo, como he ido contando. Quizás hay cosas y cosas. Una, son las cosas que se pueden vivir como aventuras y demás, tanto buenas como malas que jamás olvidaré en la vida. No suelo olvidar las cosas que aprendo y os puedo asegurar que tanto en lo negativo como en lo positivo estoy aprendiendo mucho.

Digamos que me he vuelto a ir por las ramas como de costumbre pero tenía que empezar diciendo esto para que entendáis los dos conceptos.

Cuando viajas solo pasan dos cosas. Una de ellas es que hay ocasiones en la que te encuentras muy solo, incluso el más fuerte, todos necesitamos que alguien nos eche la bronca o nos felicite en algún momento, forma parte de la vida. Y la otra es que cuando estás solo y conoces a gente, esa gente se multiplica por mil, es decir, que le darás mucha más importancia y valor que a cualquier otra persona que conozcas en tu país de origen.

Me explico, no significa que en nuestro país de nacimiento no podamos conocer a gente maravillosa, claro que se puede. Pero cuando estás en la otra punta del mundo y solo, esa persona absorberá muchos papeles. El papel de madre, de padre, de hermano, de amigo, de abuela y de todo lo que haga falta.

¿Me entendéis? Seguro que si has estado solo o sola por alguna parte del mundo alguna vez te has sentido así. Pues eso, cuando estás tan lejos de tu familia y de los tuyos, se magnifica mucho más una amistad, porque es tu hombro y tu confidente para los buenos y los malos momentos.

De momento tuve que dejar de lado a mis amigos de la otra casa. A ver, dejarlos de lado no, pero ya sabéis, no es lo mismo. Cuando estás conviviendo con una serie de personas día a día teniendo vidas y rutinas diferentes, haces que el roce de la casa y el cruzarte por el pasillo mantenga esa amistad viva. Pero que pasa, que si no existe esa rutina de visualizaciones, la cosa se va apagando poco a poco. Seguimos manteniendo el contacto por teléfono y vamos quedando de vez en cuando, pero jamás será lo mismo, jamás. Y pienso, si ahora que vivimos en el mismo barrio de Brooklyn estamos así, imagina cuando vuelva a España. Se acabará para siempre y todo será un mísero recuerdo.

A veces pienso que no tendría porque ser así, que si de verdad valoramos a una persona deberíamos recorrer medio mundo si fuese necesario, pero no se porque, casi nunca pasa.

Yo no se vosotros, pero yo soy de esa manera. En el momento que estoy con mis amigos compartiendo mi día a día o teniendo algo en común todo fluye y se va manteniendo. Pero que pasa, que si esas personas desaparecen de mi vida por algún motivo, es decir, que dejan de compartir su día a día conmigo, yo me despego sin querer. Sinceramente no se por que, pero lo hago.

¿Me gusta hacerlo? Pues no, la verdad, pero soy incapaz de mantener una amistad cuando esas personas no forman parte de mi día a día. Estoy generalizando un poco, lógicamente los amigos de toda la vida siempre están ahí, pasen los años que pasen, porque forman parte como de tu persona, pero lo demás es opcional.

También debo decir que hay amistades que se han plantado en mi vida y me han enseñado mucho más que amistades de toda la vida. Pero bueno no tiene nada que ver el enseñar con el cariño. Yo creo que a los amigos de toda la vida se les tienen cariño. O no.

Os estoy mintiendo un poco, la verdad. Quizás os estoy mintiendo y os estoy liando. Pero no os preocupéis que ahora os cuento la verdad.

En todo lo que he dicho anteriormente hay algo de verdad y mucha mentira. Ni creo en los amigos de toda la vida, ni me separo de una persona que me importa.

Cuando estaba en España me aferraba a mis amigos de la infancia o con los que más años había pasado. ¿Pero sabéis qué? Que no es lo correcto. A veces hacemos las cosas porque todo el mundo las hace o porque alguien dijo algún día que eso era lo normal. ¿Quién coño dice que es normal o anormal? Seguro que alguien con poco rodaje cultural.

Con todo este revoltijo de sensaciones quiero llegar a un puerto mientras navego en este mar de párrafos.

El estar aquí en Nueva York, lejos de los míos me ha enseñado entre muchas cosas que la gente es muy importante. Te das cuenta que puedes conocer a gente muy parecida a ti o tan diferente con la que no puedes parar de aprender cosas. Eso, te llena y te enriquece muchísimo y crea en mí un estado que nunca antes había sentido, créeme. Está muy bien tener amigos de toda la vida pero llegará un punto en el que lo sabrás todo de esa persona y cada día pasará a ser lo mismo.

Y pensarás: Claro, pero eso pasará en cualquier parte del mundo con cualquier persona que conozcas. Pues eso, ahí quiero ir a parar.

El viaje me está enseñando que hay personas con fecha de caducidad. Si, me va poniendo a gente increíble en mi camino pero de manera temporal. Me enseñan cosas, vivimos experiencias y compartimos muchísimos momentos. De alguna manera es como si alguien me pone a una persona delante para que la exprima al máximo y luego me la quita. Por eso creo que hay personas que pasan por tu vida por algún motivo, te enseñan y te dan lo que tienen y luego desaparecen. No por nada, sino porque ya han cumplido con su faena. Tal vez era hacerte feliz o enseñarte una lección en un periodo de tiempo limitado.

Lógicamente las personas que ha día de hoy están a mi lado es porque me importan y muchas de ellas las conservo desde la infancia, pero hoy quería hablar de las personas que se conocen viajando.

¿Y a que ha venido todo esto?

Pues esto ha venido a que mi gran compañero de habitación hoy me abandona para volver a su país, hoy se acaba la aventura americana para el.

Recuerdo cuando volví de mi primera casa de Brooklyn y dejé a mis amistades para venir a mi casa actual con los judíos. Lo pasé mal, pero se que aún los sigo teniendo aquí, en el mismo barrio. Ahora, en éste caso, es diferente. Alfred se marcha a otro continente, a otro país. Todas estas aventuras que hemos pasado juntos se van a quedar en un miserable recuerdo que quizás el tiempo borre, o no.

En estos casos siempre se dice de quedar, de viajar para vernos, pero todos sabemos que las palabras se las lleva el viento.

Para mi Alfred ha sido más que un amigo y es que lo he tratado como a ese hermano pequeño que jamás he tenido, puesto que yo soy el pequeño entre nosotros tres, mis hermanos.

Cogí el papel de hermano mayor porque quería ayudarlo en todo lo que pudiera de la misma forma en la que me ayudaron a mi cuando llegué a ésta ciudad.

Hemos pasado momentos de todo tipo. Más alegres que tristes, pero también hemos tenido bajones.

Hemos compartido habitación y cargador de móvil, incluso me robaba mis zapatos para irse de fiesta. Cuando yo me hacía la comida siempre pensaba en el y preparaba dos platos, porque sabía que era nefasto cocinando. Recuerdo aquel día que íbamos en el metro de Manhattan a Brookyn y entró en el vagón un hombre borracho con la cara ensangrentada. El se acercó a mi cagado de miedo. Y no es que yo no tuviera miedo en ese momento, pero pensé que uno de los dos tenia que mantener la compostura y en ese caso yo era el hermano mayor.

Recuerdo nuestros lunes en la lavandería hablando de los nuevos temas de nuestros raperos favoritos. Las noches de charla en el porche y nuestras caminatas nocturnas jugándonos la vida.

Ha sido un tiempo maravilloso que siempre quedará en mi memoria, lo tengo clarísimo.

Por eso cada día tengo más claro que detrás de cada persona que conozco hay un Nueva York distinto.

La conclusión de todo este cacao mental es más sencilla de lo que parece.

Las personas van apareciendo en nuestras vidas por algún motivo. Hay que disfrutar de ellas y absorber al máximo lo que nos aporten y lo que nos transmitan. No existe, ni el tiempo, ni el origen, ni el país.

Pero sobre todo hay que tener en cuenta una cosa.

Hay que tener siempre presente que las amistades pueden ser: por cariño, para siempre o temporales. Que ninguna es mejor que la otra, simplemente hay que aprender a vivir el momento.

Ha sido un placer pequeño hermano Alfred.

Y otra cosa, me acaban de comunicar que mañana viene mi nuevo compañero de habitación.

Solo me han dicho que es Coreano, en el próximo capítulo os cuento…

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