Capítulo 3 – Mi primer 4 de Julio

Llegó ese día en el que todos los norteamericanos se vuelven locos, si, completamente locos. La cuestión es que ya tenía que haber empezado las clases, pero lógicamente al ser fiesta nacional tenía que buscarme algún plan, no todos los días son 4 de julio. Tan solo he cogido el metro una vez con mi compañero de habitación el tailandés, así que ya va siendo hora de enfrentarme a la ciudad yo solo.

He quedado con una amiga española y sus compañeros de residencia para pasar la tarde/noche juntos. Exactamente hemos quedado en la puerta de la Grand Central situada en la calle 42 de Manhattan. Salgo de casa con todo lo necesario y me dirijo a la parada de metro que está a unas dos manzanas. Paso mi tarjeta por el lector y subo a la plataforma a esperar el tren J.

Estoy esperando unos diez minutos y ya empiezo a morirme de calor. Una vez se abren las puertas del vagón entro dentro y empiezo a congelarme por la potencia del aire acondicionado. ¡Extremos! La verdad que bien, bien no se donde bajarme, me he descargado en el iPhone un mapa del metro pero aún no me entero absolutamente de nada. Cuando más o menos llevo unos treinta minutos subido en el tren decido bajarme en una parada que me suena el nombre. Bajo junto al alud de gente y empiezo a subir escaleras hasta el exterior, en esa parada el tren estaba inmerso así que había que salir a flote.

Salgo y empiezo a observar edificios que empiezan a crecer, pero me da la sensación de que me he perdido. Entro en un Starbucks y pregunto. El chico me dice que aún estoy en Brooklyn y yo pensaba que ya había llegado a Manhattan… Vuelvo al metro y tras las indicaciones recibidas encuentro el sitio sin problemas, pero los problemas siguen sumándose. Al haberme perdido ya no puedo llegar a la hora que tenía acordada. Aún no me aclaro con el teléfono americano para poder llamar a mis amigos y casi que pasa una hora más hasta que por fin nos encontramos. Vamos caminando y paseando por las calles de Manhattan observando todo lo que se cruza por nuestro camino hasta que llegamos a Times Square.

Era la primera vez que lo veíamos y a pesar de verlo mil veces en un centenar de películas no dejaba de impresionar. Miles de luces bailando a la vez que arropan un cúmulo de gente y espectáculos urbanos de todo tipo. Un deleite en toda su tesitura. Merendamos alguna cosa y vamos caminando hasta el muelle del río Hudson para poder ver los fuegos artificiales. Vamos caminando por las calles neoyorquinas que a su vez la policía las va cerrando para que no puedan pasar los coches, ya que la aglomeración de gente que se está formando es brutal.

Al final conseguimos llegar a la gran explanada del muelle y todo el mundo yacía semitumbados en el suelo, otros con mesas de playa y sillas, otros bailando, comiendo, saltando, niños, adultos. Da la casualidad que nos sentamos al lado de una pareja de valencianos que están aquí de luna de miel, es su primer día en Nueva York.  Pues como el que no quiere la cosa empieza a llegar la noche y desde un barco oímos cantar en directo nada más y nada menos que a Katy Perry y Beyoncé.

Es un cúmulo de cosas lo que hace de este momento algo que recordaré el resto de mi vida. Es esta música en directo, los rascacielos de fondo, todos estos norteamericanos contentísimos, hablar con gente de todas las culturas que no conozco de nada. Vamos, algo único. Una vez acaban los fuegos artificiales entre aplausos y chillidos nos adentramos de nuevo hacia el centro de la ciudad.

Ya que tenemos que pasar de nuevo por Times Square decidimos visitar la tienda de los m&m’s. Una vez salimos de la tienda todos se marchan a la residencia situada en el mismo Manhattan y yo tengo que irme para Brooklyn. La verdad sea dicha, estoy tan cansado que no me veo con fuerzas para coger el metro, no tengo ganas de volverme a perder a estas horas de la madrugada, así que decido coger un taxi. No ha sido fácil encontrar uno que me lleve para casa.

Mas tarde comprendí que los taxis de Manhattan no van a según que barrios y el mío estaba catalogado como peligroso. Al final llego a casa sano y salvo y con una experiencia más en el bolsillo.

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