Capítulo 5 – Arrancando y Central Park 

Una vez acabamos de comer, beber y conversar con los demás estudiantes nos vienen a buscar para llevarnos a otra planta, para hacernos las pruebas y adjudicarnos en un sitio u otro. Esta vez bajamos por las escaleras debido a la gran aglomeración de gente que hay en estos momentos. Yo voy observándolo todo, no se me escapa ni un detalle, desde la puerta de emergencia hasta el extintor colgado en la pared de ladrillo pintado, no es una película, es mi vida en este preciso momento. 

Me recuerda a todos los institutos que estoy harto de ver en todas las películas americanas, desde el suelo con moqueta hasta la fuente de agua en medio del pasillo. No doy crédito a lo que me está pasando en estos momentos, es todo tan diferente y tan especial a la vez, es todo eso que yo imaginaba en España cuando leía un libro, veía una película o me hartaba de mirar fotos.

Ahora soy yo, soy yo el que está aquí, sintiendo cosas fantásticas, sintiendo miedo. Soy yo el que en este momento estoy cumpliendo mi sueño, estoy tan anonadado que apenas puedo cerrar mi boca, tan solo puedo sonreír. Seguimos bajando las escaleras hasta que llegamos a otra gran sala, esta vez llena de sillones ”comodísimos” y mesas colocadas aleatoriamente.

Aquí nos hacen esperar un buen rato debido a la cantidad de gente que había, el proceso iba un poco lento. Los profesores que circulan por el pasillo de arriba abajo y viceversa nos van llamando con una lista que sostienen en sus manos. Llega mi turno y escucho mi nombre, la verdad que esta americana lo pronuncia de una forma un tanto graciosa, como nunca antes lo habían hecho.

Nos acompañan a una gran clase llena de sillas con una pequeña mesa incorporada y unas hojas sobre la mesa. La profesora y el director del colegio nos dan la bienvenida y nos explican un poco como funcionan las cosas en la escuela. Una vez entendido el sistema, nos hacen girar las hojas y empezar los exámenes. Conforme vamos acabando tenemos que dejar los exámenes en la mesa del profesor y salir fuera. Allí nos espera otra coordinadora. Esta vez hay que esperar de nuevo ya que deben hacernos una entrevista individual, para ver nuestro nivel de inglés y para saber un poco más sobre nosotros.

Ya ha terminado el proceso y nos dan unos cuarenta minutos aproximadamente de break. Bajamos a la calle, desaparece de nuevo el aire acondicionado del edificio y empezamos a pelearnos de nuevo con el calor neoyorquino. Las sirenas de ambulancias y policía, bomberos, taxis tocando el claxon a peatones, bicicletas llevando a turistas, Nueva York. Yo sigo embobado, yo sigo examinando todo lo que pasa delante de mis ojos. Es tan increíble, me da la sensación de que alguien me va a despertar en cualquier momento. Decidimos entrar en una cafetería que hay justo delante de la escuela.

Vamos un grupo de personas que acabamos de conocernos, soy yo el único Español. Hablamos de cosas típicas. Cuanto tiempo vamos a pasar en la ciudad, porqué Nueva York, que estudiamos, costumbres de nuestros países, cosas sobre nuestras culturas, cosas interesantísimas, de esas que no te encuentras en tu zona de confort. Al llegar a la escuela de nuevo, nos encontramos con unas listas colgadas en el pasillo y aquí aparecen nuestros nombres con las clases y grupos que nos han asignado.

Tenemos que ponernos en una cola que nos lleva a una mesa donde tenemos que alquilar nuestros libros, sí, así es. Pagamos unos 35 dólares por libro y si al acabar no hay ningún problema nos devuelven el dinero. La verdad que lo encuentro genial, es una buena forma de reciclar y de aprovechar las cosas. Ya con nuestros libros nos vamos cada uno para su clase correspondiente. La mía es bastante pequeña y sin ventanas, la verdad que no me gusta mucho, pero nos han dicho que esta sería provisional.

Mi profesora es un encanto. Una mujer rubia, con unos labios rojos y una falda un tanto hippie. Para colmo vive en Brooklyn, así que a mi ya me ha ganado por goleada. Hoy poca cosa hemos hecho, nos hemos presentado y hemos hablado un poco para conocernos mejor. La verdad que me encanta mi clase, tengo la sensación de que vamos a ser todos muy buenos amigos. No puedo entender cómo caben tantas culturas en tan pocos metros cuadrados, esto es alucinante. Yo por dentro me pregunto si esta gente ama Nueva York como lo hago yo. Los compañeros de mi clase provienen nada más y nada menos que de: Brasil, Turquía, Francia, Corea, Tailandia, Alemania y… Si, hay una española en mi clase.

Por una parte me hace mucha ilusión porque va a ser mucho tiempo el que voy a pasar solo y para poder desahogarme y conversar no te explicas igual en tu lengua que en otra que no dominas obviamente. Por otro lado, esto dificultará mi aprendizaje. (risas) Se acaba la clase y unos cuantos decidimos ir a descubrir Central Park que está a dos calles de la escuela. Justo cuando vamos llegando a la esquina pasamos por debajo de un gran andamio colorado en el cual habitan obreros reproduciendo una serie de ruidos con máquinas y elementos de construcción, que sumado a las sirenas y al olor peculiar de la ciudad, reproducen este escenario que amo y que en este momento estoy formando parte de el.

Es como un orgasmo infinito, yo en este momento me siento el rey de mi mundo, se me ha olvidado todo y me he centrado en lo presente. Nos acercamos a Central Park por la rotonda de Columbus Circle Station. Esta sensación que siento la sumo a la lista de cosas que jamás voy a olvidar. Poco a poco me voy adentrando en este pulmón verde, lleno de bancos y gente haciendo deporte, lleno de artistas y bohemios, lleno de músicos y vagabundos. Los pájaros y las ardillas se apoderan de mis oídos, poco a poco dejo de escuchar el caos de la ciudad y me voy sumergiendo en una auténtica paz flotante y armoniosa.

Entiendes el papel que tiene Central Park en la ciudad cuando lo atraviesas y notas que te evades del mundo, de la prisa, de las obligaciones. Ya queda poco para que oscurezca y decidimos volver a casa. Cada uno vamos a un sitio diferente así que nos despedimos y quedamos en vernos en clase al día siguiente. A mí me esperan dos metros aún para llegar a casa. Bajo a la parada y cojo el primer tren hasta la baja Manhattan. El tren me regala mil cosas, me encanta el metro neoyorquino, me gusta todo él.

Me bajo del primer tren y estoy unos diez minutos esperando al siguiente. Mientras tanto huelo y observo a las ratas que salen a comer, poco a poco lo voy sintiendo normal. De repente, empieza a removerse el aire caliente por la plataforma y eso me indica que el tren está llegando

 

 

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